domingo, 17 de febrero de 2013

El podador serial. Más desrame, más seguridad.

Buscando una foto para ilustrar el texto, encontré ésta, de enero de 2010. La nota  dice que es en una plaza de Saavedra. Dice que el gobierno de la ciudad  ya había intervenido más de 100 mil árboles, en el marco del Plan Maestro diseñado para planificar y gestionar una política pública de arbolado para los próximos 50 años. 
Contra lo que se supo siempre (digo, por lo menos yo lo se cómo un saber popular) de que las plantas se podan, o se trasplantan en invierno (otro saber popular dice, en los meses sin r) Mauricio siempre prefirió podarlas en primavera o verano (será lo que le aconseja su experto oriental). Se ve que lo hace desde 2010. Se ve que en el marco del Plan Maestro. Los objetivos de dicho plan son que el arbolado sea seguro y funcional. Según esta misma página  durante el verano sólo se realizan las intervenciones consideradas urgentes, ya sean árboles en riesgo de caída o acciones tendientes a mejorar la seguridad (despeje de luminarias, semáforos y invasión de propiedad privada) y limpieza (poda de ramas secas).   Por cierto, copio de allí mismo los beneficios del arbolado urbano: 

  • Mejora la calidad del aire que respiramos
  • Actúa como pantalla suavizando los ruidos
  • Aplaca las altas temperaturas
  • Reduce la polución atmosférica
  • Disminuye el riesgo de inundaciones
  • Atenúa los vientos
  • Actúa como refugio de la fauna urbana
  • Preserva la memoria histórica
  • Embellece las calles porteña


Mi intención con este texto, no es únicamente criticar la política medio ambiental del gobierno de la ciudad de Buenos Aires. Lo mismo que pasa en esta ciudad, pasa en otras. 

En la ciudad de Junín, el municipio sacó todos los tilos de la plaza principal (con el argumento de que estaban  ... ¿enfermos?) y puso nuevos. En la foto se ve, a la derecha, uno de los tilos que fueron cortados, y a la izquierda, uno de los nuevos.

Y permitió la extracción de muchos árboles de las calles, o bien no sancionó a quienes lo hicieron sin permiso.


Ahora, la historia personal.  La casa en la que viven mi mamá, mi hermano y mi abuela, en Junín, está al comienzo de un bulevar que tiene,en toda su extensión (unas viente cuadras) tilos. En el frente de esa casa siempre hubo dos tilos, uno de ellos en el límite con la casa del vecino. Este señor, un juez jubilado, que también está allí (en la casa de al lado) desde hasta 43 años, antes del verano y por su propia cuenta, cortó el tilo, y rellenó el agujero con cemento, para que nadie pudiera plantar otro.  Lo hizo por lo mismo que Macri, por seguridad, para que no haya sombras sobre su casa. Mi abuela tiene 92 años y vive en planta alta. El tilo protegía la ventana de su comedor durante todo el verano. Ahora padece diariamente los rayos de sol que llegan, inclementes, hasta su mesa, el lugar donde pasa la mayor parte de su tiempo.  ¿Vale la "sensación de seguridad" que le aporta a mi vecino, el ex juez, la vereda despejada, el padecimiento de mi abuela? 

Para mí, los árboles son sagrados. Pero sobre todo son sagrados los árboles de las ciudades. Porque aportan todos esos beneficios que dice la página de Mauricio.

domingo, 27 de enero de 2013

La gota que rebalsó el vaso

Fuentes de la investigación dijeron a Clarín que se trata de un hombre “primitivo, que no sabe leer ni escribir”. La Nación repite las mismas palabras para describir a Alberto Bonifacio Martínez, 72 años, peón, nativo de Copetonas, compañero de Rosa, que había decidido no tener hijos.

Dicen que habían discutido muchas veces. Que Marcos Pizarro lo trataba de manera altanera. Que él le había pedido que no le faltara el respeto, que podía ser su hijo. La Voz del Pueblo de Tres Arroyos dice que, llamativamente, los testigos justificaban la agresión.

Después del escopetazo, se sentó en el puesto a esperar a la policía.

El dijo que lo que pasó "quedó entre Pizarro y yo". Y se negó a declarar.

(clikeando sobre el nombre de los diarios se accede a cada una de las notas)

lunes, 21 de enero de 2013

Entrevsta a Julieta Paredes, del Movimiento boliviano Mujeres Creando


“De no ser por las mujeres no hubieran resistido ni tres días”

Julieta Paredes, de la Asamblea Feminista, autora del libro ‘Hilando fino desde el feminismo comunitario’ / Foto Emma Gascó
Emma Gascó y Martín CúneoLa Paz, Bolivia
(Publicado en Diagonal nº160)
Julieta Paredes fue una de las fundadoras de Mujeres Creando en 1992. Tras un agitado debate sobre cómo enfocar el trabajo de este colectivo, se integró en la Asamblea Feminista, donde sigue militando. Durante la primera presidencia de Evo Morales, trabajó durante dos meses para el gobierno realizando un plan en el que se pondrían en práctica muchos de los principios del “feminismo comunitario”. Según reconoce Paredes, aunque no hay voluntad política de cumplir con el plan, éste ya se está implementando en las comunidades gracias a las organizaciones sociales.[Traducción al francés: «Sans les femmes, ils n’auraient pas résisté trois jours»]
 DIAGONAL: ¿Qué es el feminismo comunitario?
JULIETA PAREDES: En la Revolución Francesa los hombres declaran los derechos de los hombres: libertad, fraternidad, igualdad, propiedad privada, ciudadanía o Estado nación. Las mujeres se quedaron al margen. Y ésa es la modernidad europea occidental; no es que haya nacido con la igualdad de las mujeres. A partir de ahí nace el movimiento feminista, en toda su razón europeo, occidental, norteamericano. Hemos luchado y sólo para los hombres. No. También las mujeres queremos nuestros derechos, pero los planteamos como derechos individuales. A los derechos individuales de los hombres, queremos los derechos individuales de las mujeres: propiedad privada, ciudadanía, divorcio…
Nosotras, en nuestro feminismo comunitario, partimos de otro lugar, porque nosotras no nos plantamos individualmente, nosotras nos plantamos lado a lado con los hermanos. Desde una identidad común planteamos una propuesta política, ya no individualista, sino de todos mis derechos en la comunidad, no mis derechos individuales. Eso presupone que nos reconocemos como parte de las mismas discriminaciones, opresiones y explotaciones que sufren nuestros hermanos, con la denuncia de que ellos en la comunidad se convierten en nuestros opresores y nuestros explotadores. El chacha-warmi, la famosa complementariedad andina, es una complementariedad jerárquica donde los hombres están sobre las mujeres. Compartimos las luchas con ellos, todas las luchas, pero denunciamos que en el interior de la comunidad ellos se convierten en nuestros patriarcas y patrones.
Si queremos una revolución y un proceso de cambio eso es lo primero que tiene que cambiar en la comunidad. No es suficiente culparle al Estado, al q’ara [blanco], al español, del machismo… Nosotras pertenecemos a nuestra comunidad, a nuestra identidad cultural, y desde ahí vamos a pelear, desde ahí vamos a defender nuestros derechos como mujeres que forman parte de la comunidad. Ésa es la matriz del feminismo comunitario.
D.: ¿Cuánto tiene este patriarcado de herencia prehispánica y cuánto de colonial?
J.P.: Nosotras hablamos de que ha habido un entronque patriarcal. Mis hermanos aymaras no se salvan porque igual eran patriarcas antes. Una prueba de eso es la negociación que hacían entre hombres en el espacio de las llamadas Vírgenes del Sol, utilizado para el servicio sexual, económico, político y educativo de las castas dominantes de los incas. Y esas hijas eran de los pueblos conquistados. Si antes de que llegaran los q’aras [los españoles] esto era un paraíso, como algunos hermanos dicen, ¿por qué no eran los hombres el botín de mediación e intercambio, por ejemplo, entre los aymaras y los incas?
Sin embargo, en el siglo XIII o XIV las mujeres acá estaban un poquito mejor que las mujeres en Europa en esa época, que no tenían tierra y no eran consideradas personas… Aquí sí, en las comunidades y en las castas dominantes eran consideradas personas. En la Europa del medioevo las mujeres dependían de los hombres; del padre pasaban al esposo. Aquí existía la patrilinealidad y la matrilinealidad, dos líneas tanto de tierras como económica… Había patriarcado, pero la situación de las mujeres estaba mucho mejor que en Europa. Nosotras siempre decimos “hemos venido de mejor a peor” con la invasión colonial, con el capitalismo, con la modernidad. ¿Cómo que nos anda diciendo la ONU o la Unicef que hay que mejorar la situación de la mujer? Primero tendríamos que recuperar la situación en la que estaban nuestras tatarabuelas y de ahí empezar a mejorar.
Julieta Paredes fue una de las fundadoras del colectivo artístico y político Mujeres Creando / Foto: Martín Cúneo
D.: ¿Cómo cambia el colonialismo la situación de las mujeres?
J.P.: El colonialismo hace un pacto entre hombres para que las peores perjudicadas sean las mujeres. Nosotras planteamos que el entronque patriarcal crea un imaginario cómplice en nuestros hermanos, como si quisieran poder ser en algo como el opresor. Entonces empiezan a controlar a sus mujeres con la potestad que les dan los virreyes, los españoles, la iglesia. Por eso decimos que si vamos a descolonizar no lo vamos a conseguir si no hay una despatriarcalización.
Este dominio sobre las mujeres vuelve a quedar patente en la República y la revolución del ‘52, que supuestamente era un revolución liberal. Los títulos de la reforma agraria hacen dos traiciones: a la comunidad y a las mujeres. Son títulos individuales, pese a que las tierras eran comunitarias, y el hombre es el jefe de la familia, la mujer no cuenta. Las mujeres se quedan en el ‘52 sin tierra, cuando la lucha por las tierras también había sido una lucha de las abuelas.
Con ese entronque de los patriarcados los hermanos salen un poquito favorecidos. Ese poquito luego se consolida en los dominios y las responsabilidades personales de cada hombre en relación a su compañera o las mujeres que lo rodean. Es importante esta matriz de entender las cosas, porque no es solo el colonizador, aquí hay responsabilidades de cada hombre, de cada abuelo, de cada tatarabuelo traidor a la comunidad, traidor a sus hermanas.
D.: ¿Y qué ha ocurrido en los últimos años?
J.P.: Hay un sistemático ocultamiento e invisibilización de lo que es la participación política, económica y teórica de las mujeres. Y ese sistemático ocultamiento e invisibilización tiene como consecuencia que la comunidad hoy está tuerta, manca y coja, porque este lado que somos las mujeres [se tapa un ojo], por el patriarcado y el machismo, no está funcionando. Por lo tanto, los hermanos están mirando con un sólo ojo creyendo que lo miran todo. Nosotras tenemos esta otra mirada. Y ésta es la mirada, ésta es la mano y éste es el pie que le falta de la comunidad.
En este proceso de cambio la participación de las mujeres no es un favor, una concesión, una caridad que puede hacer el hermano Evo, el MAS o la Asamblea Plurinacional, es una obligación de toda organización y toda comunidad. Porque si no pasa lo que está pasando hoy. El proceso se tropieza, se cae, porque piensan que están mirando, pero se olvidaron del otro lado. Y de ese lado están viniendo los golpes, las corrupciones, los autoritarismos, las jerarquías… Esta visión y esta manera de entender es recíproca, no es complementaria. Se trata de poner la comunidad en su lugar: no son dos individualidades, es una misma, pero hoy está mal. Ese entronque patriarcal ha ido reafirmando a los hermanos arriba. Si los tatarabuelos dudaban un poco, eran un poco tímidos en su machismo, hoy son impunes. Les importa un bledo lo que dicen las mujeres, ellos discuten entre ellos, se cagan en lo que podamos decir. Son impunes y les importa un pepino.
Este proceso a las mujeres nos plantea el desafío de aportar sin renunciar a nuestra autonomía. Eso es el feminismo comunitario. Hemos creado esta otra manera de interpretar el feminismo, pero nos seguimos llamando feministas. Nuestro plan teóricamente es impecable, creativo, novedoso, pero no hay voluntad de cumplirse.
D.: ¿En qué consiste el plan para poner en práctica los principios del feminismo comunitario?
J.P.: Lo que se ve por los índices planteados por el propio capitalismo es lo que el capitalismo necesitaría de las mujeres en América Latina para servir mejor a la acumulación económica. Lo que nosotros hemos dicho es que nos negamos a esos índices. Nosotras hablamos de campos de acción y de lucha.
Hay un campo de acción y de lucha que es el cuerpo. No es la salud reproductiva, es el cuerpo. Ahí puedes discutir desde sexualidad, derecho a ser mamá, aborto, hasta los procesos existenciales e identitarios del blanqueamiento, porque es nuestra belleza, nuestros cuerpos son distintos como indígenas y eso hay que trabajarlo y valorarlo. Se trata de la descolonización más íntima. Luego está el espacio. Porque, ¿qué espacios tenemos las mujeres? Desde la tierra hasta los espacios de la casa, ¿realmente tenemos casa las mujeres? ¿o somos unas parias? Aquí también se puede hablar del espacio político. Otro campo de lucha es el tiempo, tiempo para trabajar… El trabajo doméstico es trabajo, no es amor, es trabajo, es tiempo. Si los hombres tienen tiempo es porque no hacen trabajo doméstico. Otro campo, el movimiento, tiene que ver con movimiento organizativo y autonomía organizativa política y social, autoorganización. Aunque estés formando parte de un movimiento grande como puede ser las Comunidades Interculturales o los cocaleros, tiene que haber la autonomía organizativa de las cocaleras. Y, por último, la memoria, que es ese largo recorrido de nuestra sabiduría y nuestras luchas heredades de nuestras abuelas, esa memoria larga….
No hay voluntad política para llevar adelante el plan, pero no cuentan con nuestra astucia, como dice el Chapulín Colorado, que somos las organizaciones sociales. Nosotras estamos caminando por todas las comunidades, hablando, construyendo, haciendo alianzas. Es el proceso pese a Evo, ojalá sea con él, porque hay que reconocerle sus méritos, pero el proceso es nuestro. Y estamos trabajando con las organizaciones de mujeres, con organizaciones de hermanos afines… Es un feminismo con nuestras comunidades, desde nuestras comunidades, haciendo entender peleando. Hay que trabajar con las mujeres. Son las organizaciones sociales las que vamos a garantizarlo, de hecho el plan ha sido ideado para esto…
D.: ¿Cómo se aplica el plan?
J.P.: Esto en la comunidad lo puede hacer cualquiera, cualquier hermana, aunque no sepa escribir. Con estos cinco campos de lucha, las mujeres de una comunidad se reúnen para hablar, por ejemplo, de un proyecto de gallinas… A partir de cualquier proyecto, ellas tienen que discutir cómo se van a ver afectados esos cinco campos de acción. Por ejemplo, el cuerpo de las mujeres en este proyecto ¿cómo va a estar? ¿Con qué tiempo se va a desarrollar? ¿Qué va a significar este proyecto de las gallinas si no se comparten las tareas domésticas? ¿Va a significar que si antes las mujeres dormían cuatro horas, ahora van a dormir dos horas? ¿Y no se trataba de mejorar acaso la situación de las mujeres?
Al haber hablado de cuerpo, si una compañera muere duele. Ya no es lo cínico de las estadísticas. Porque esta comunidad se ha fijado sus propios índices. Entonces el cinismo de la tecnocracia del desarrollo, de la planificación del desarrollo lo hacemos mierda con esto. Porque ahí los logros los sientes en la piel, porque es tu mamá, tu vecina, tu hija… Es otra concepción. Esto lo estamos enseñando, facilitando el proceso de aprendizaje de las hermanas, pero es un proceso lento.
D.: ¿Cuál fue el papel de la mujeres en las movilizaciones contra el neoliberalismo?
J.P.: En el año 2003 son las mujeres la principal fuerza política y de sostén cotidiano de la insurrección. La cotidianidad ha sido organizada por las mujeres en ollas comunes. ¿Cómo se ha organizado la compra, el trueque, las ollas comunes? A principio de 2005, estalla la otra crisis con el gobierno de Mesa. Lo que se hace es una pequeña insurrección y ahí los hombres ya eran famosos. La prensa internacional los había puesto en la cartelera, se habían puesto de moda y ellos no iban a dejar eso. En 2005, los hombres agarran toda la dirección. ¿Saben qué hacen? Toman la planta de Sinkata, de repartija del gas (antes no teníamos gas domiciliario). “Ni una garrafa de gas para la ciudad de La Paz ni a nadie. Bloqueo”. ¡Cojudos! ¿Cómo se iba a sostener un movimiento sin comida? ¿Cómo comes? Con gas. ¿Ves? [se tapa un ojo]. No saben, creen que todo se hace guerreando. Pero la revolución se sostiene desde distintos lados, no sólo es cuando aparece la tele… Y ahí estamos la mujeres. Si no hubiera sido por las mujeres no hubieran resistido ni tres días.

jueves, 17 de enero de 2013

Guardavidas en la laguna





Cuando hicimos la ordenanza de reglamentación del servicio de guardavidas, pensábamos básicamente en la laguna de Gómez. La adhesión a la resolución provincial implicó la obligación de los clubes y piletas públicas de contar con uno. Fue un gran escándalo, porque parecía que, en lugar de cuidar la vida de las personas, intentábamos generar un negocio para quienes podían desempeñar el oficio, perjudicando a los profesores de educación física y conduciendo a los clubes a la ruina misma. La "avivada" de los guardavidas era tener un buen convenio colectivo (los profesores de educación física resultaban mucho más baratos porque su trabajo de verano era un plus sobre su sueldo docente).  Cuando asumió Meoni, uno de sus altos funcionarios, me armó una reunión donde el conjunto de los dirigentes de los clubes de Junín (muchos) me increparon (otros concejales me acompañaron) pidiéndonos que derogáramos la ordenanza. No lograron eso pero le dieron un plazo de cumplimieto de 6 meses, lo que postergó la ejecución para el verano siguiente.
Ningún club se fundió desde el 2004 hasta ahora por pagar el sueldo exorbitante de convenio de un guardavida.
Todo esto es historia antigua. Pero viene a cuento por las declaraciones del Coordinador del equipo de guardavidas del Parque Natural Laguna de Gómez.
Entrar a dilucidar la pertenencia,  el dominio o la jurisdicción de las aguas donde se ahogó un turista hace unos días no me corresponde. Parece un tema de cierta complejidad jurídica.
Lo que me parece es que los actuales gestos del gobierno local se condicen con los antiguos, con los que conté al principio. La culpa del conflicto con los clubes era mía  porque yo había redactado la ordenanza (no importaba a quién se quisiera proteger). La culpa del riesgo en el río es de ... alguien más.
El turismo de la laguna parece ser un recurso importante para la ciudad: subaprovechado según mi opinión, pero aún así importante. Es un turismo popular, lo cual se acentúa al cobrar una entrada barata. El anfitrión debe cuidar a sus invitados. Tener baños dignos, tener un servicio de salud adecuado.
Si bien es cierto que no se puede cubrir toda la ribera con guardavidas, entonces tendrá que haber inspectores que impidan a la gente pescar donde está prohibido.
Puede haber fatalidades, pero debe existir la vocación de cuidar. Deberían tener el pudor de decir, hicimos lo posible por evitarlo, lo lamentamos mucho. No culpabilizar a las víctimas.



jueves, 10 de enero de 2013

Fragmento de La estructura del iki. Reflexiones sobre el gusto japonés

Comparto unos fragmentos del libro de Kuki Shûzô publicados en Página/12 antes de la publicación del libro por la editorial Cuenco de Plata.



         Torii Kiyonaga "Tres bellezas luego del baño"


Es marca distintiva del iki el vínculo de “atracción” (bitai) entre los sexos. La relación con el otro sexo constituye el existente original, ilustrado por la expresión “asunto iki” (ikigoto), que remite a “asuntos de amor”. Del mismo modo, cuando hablamos de una “historia iki” nos referimos a las relaciones entre un hombre y una mujer. Se habla de una “historia iki” y de un “affaire iki” aludiendo a una relación con el otro sexo que se sale del marco de las relaciones habituales. Es el caso del relato de Chikamatsu Shûkô, “Cosas iki” (ikinakoto), cuyo tema es “la manutención de una amante”. No podemos por lo tanto imaginar una relación específica con el otro sexo que no tenga como premisa la “atracción”. Dicho de otro modo, la condición necesaria para los “affaires iki”, cualquiera sea el significado que demos a dicha expresión, es la atracción (bitai).
¿Qué es entonces la “atracción” bitai? Es una actitud dualista que configura toda relación potencial entre personas de distinto sexo, dando por sobrentendido que el yo monista presupone la oposición con el otro sexo. Así, los términos vinculados al iki como “seductor”, “provocador”, “erótico”, sólo expresan la tensión que tiene como fundamento la dualidad potencial. En cambio, lo que se designa como “distinguido” (jôhin) carece de ese carácter dual. Dado que la potencialidad de la dualidad es lo que determina el existente original de la atracción (bitai), cuando dos personas de distinto sexo desarrollan una unión perfecta donde la tensión se disipa, la atracción de por sí desaparece. Dado que la supuesta finalidad de la atracción es la conquista del otro sexo, una vez alcanzado el objetivo su futuro inmediato es disolverse. Nagai Kafû escribe en Placer (Kanraku): “Nada más patético que una mujer a quien se conquistó después de haberla deseado largamente”, y siente “hastío, decepción y aversión” ante la evanescencia de la atracción una vez alcanzado el apogeo. Por este motivo, es característico de la atracción la persistencia de la dualidad, es decir la “búsqueda de la posibilidad por la posibilidad misma”, que constituye la esencia de Placer.
No obstante, el grado de intensidad de la atracción no disminuye al reducirse la distancia que separa al hombre de la mujer. Por el contrario, el acercamiento aumenta la intensidad. En Perla indestructible (Fue no shiratama), de Kikuchi Kan, en el capítulo “Atracción” se describe la siguiente escena: “Katayama intentaba avanzar lo más rápido posible a fin de aumentar la distancia que lo separaba de Reiko. Pero cuanto más intentaba alejarse, más se acercaba Reiko, con largos y ágiles pasos, al punto de caminar casi tocándolo”. El principio de atracción reside en acercarse reduciendo la distancia al máximo y manteniendo el mínimo distanciamiento. La atracción es, en consecuencia, puro potencial dinámico.
Aquiles, “con largos y ágiles pasos” persigue indefinidamente a la tortuga, y da origen a la paradoja de Zenón. En su forma cabal, la atracción debe ser la posibilidad dinámica dual entre los sexos, llevada al límite de lo posible. El nómada que persevera en la “finitud continua”, el malvado que se regodea con el “mal sin límites”, Aquiles que no deja de perseguir lo “ilimitado”; sólo ese tipo de hombre conoce la verdadera atracción. Es esta atracción la que define el atractivo sexual o erotismo, nota dominante del iki.
El segundo elemento constitutivo del iki es “la disposición de ánimo, la valentía” iki; dicho de otro modo, el “coraje”, ikiji. Los ideales morales de la cultura Edo (1600-1868) se reflejan con nitidez en el iki, que es el modo de vivir en tanto fenómeno de conciencia. Se inscribe en el espíritu de la gente de Edo como punto de inflexión. El verdadero hijo de Edo se vanagloriaba de que “la gente poco refinada y los fantasmas no vivían al este de Hakone”. Admiraba a los “caballeros” considerados como “la flor de Edo” y personificados en los bomberos de la capital, “siempre dispuestos a arriesgar la vida”, y en los carpinteros de obra, “que únicamente llevan unos tabi y una chaqueta corta aun en pleno invierno”.
En el iki debe rastrearse “el amor propio de Edo” y “la gallardía provocativa de Tatsumi”. Requiere también temperamento y dignidad incólume, que se transparentan en “coraje”, “valentía” y “audacia”. Una canción dice que “lo yabo debe arder en la hoguera fuera de la cerca, tras competir con la seducción, la valentía y el coraje”. El iki es una atracción, pero también puede ostentar una actitud de rebeldía ante el otro sexo. Sukeroku, que lleva una “cinta color púrpura de Edo” simbolizando “lazos iki”, busca camorra exclamando: “Eh, muchacho, atrévete a mirarme a la cara”. La cortesana Agemaki, de la casa Miura, alabada por su “delicada tez color flor de cerezo”, da muestras de audacia y capacidad de reacción al enfrentar a Ikyû, el barbudo: “Discúlpame, pero estás hablando con Agemaki. Ni aunque fuera ciega podría confundirte con Sukeroku”. Estas palabras expresan “una personalidad iki, dueña de pasión y coraje”. Esto también podría valer para las cortesanas Takao y Komurasaki.
En el iki, el ideal del bushidô está vivo (ikite iru) y fortalecido. El espíritu del samurai que se pasea con “un escarbadientes en la boca y el estómago vacío” llevó a la gente de Edo a jactarse de “gastar toda su fortuna en un día” y “alardear de un imperturbable desprecio por las kekoro y las mizuten”. Era norma de los barrios de placer comprender que a una cortesana no se la compra con dinero, sino haciendo gala de coraje (ikiji). “Desprecian el dinero; por eso no lo tocan jamás, no conocen el precio de las cosas, no se quejan de nada. Actúan como si fueran hijas de nobles de la corte.” En esos términos se elogiaba a las cortesanas de la clase alta de Edo, llamadas tayû. Las cortesanas de Yoshiwara solían rechazar a los hombres ricos cuando éstos se mostraban groseros (yabo). Podían mantener lo prometido al verdadero amante, adoptando la máxima: “Si uno cae, pierde la reputación (...); de allí, preventivamente, la intención secreta del dios de apretar el cinturón de las cortesanas”.
La particularidad del iki es que el coraje (ikiji) surge del idealismo y espiritualiza la atracción.

“Una nada lo rompe”

El tercer elemento constitutivo del iki es la resignación (akirame), la indiferencia del que se ha liberado de todo apego gracias a una comprensión profunda de su destino. Lo iki debe ser franco, simple, “lleno de cortesía”, y de un estilo elevado. ¿Pero cómo se logra semejante desapego?
La existencia de una sociedad específica, que establece un puente entre los dos sexos, ofrece innumerables ocasiones de sufrir desengaños. Isayoi no es la única en lamentarse en estos términos: “Nos encontramos muy pocas veces y ya habla usted de ruptura, estimado Seishin. ¿Acaso es usted un demonio bajo la apariencia de un Buda?”. Cuando la confianza que se entregó con toda el alma resulta una y otra vez traicionada, el corazón, fortalecido por el sufrimiento, no esperará ya la concreción de su anhelo. Al perder la confianza ingenua en el otro sexo, se rinde a la evidencia de que todo se paga. “A ese mundo se lo denomina ‘mundo flotante’ (ukiyo), ya que nada de lo que uno desea se cumple. De esta imposibilidad nace la resignación.” En ese mundo también se experimenta bonnô: “A causa de lo que hay de malo en el hombre, nos enfrentamos con su frialdad y su inconstancia”, y eso hace que el vínculo del amor sea “más delgado que un hilo, una nada lo rompe, una nada lo desata”. Surge entonces un pensamiento escéptico: “El corazón del hombre es como el río Asuka: el cambio incesante es habitual en nuestra profesión”, o pesimista: “En nuestro oficio no hay nadie a quien querer. En este vasto mundo, ningún cliente piensa en nosotras”. Quizás a esto se debe que sea más frecuente encontrar iki entre las geishas maduras que entre las jóvenes.
En suma, iki se sustenta en ese mundo de sufrimiento (kugai) donde “el cuerpo está a merced de las mareas, impedido de navegar libremente”. La resignación (akirame), que adopta en el iki un aspecto de impasibilidad, anida en un corazón pleno de cortesía, fortalecido por el sufrimiento experimentado en este mundo flotante y en esta “vida de amargura”, corazón impasible que posee el estilo elevado de quien desechó todo inútil apego a la realidad. Esta es la razón por la que “la gente tosca” (yabo) se convierte en iki luego de ser vapuleada por la vida”.
Cuando percibimos detrás de una sonrisa embaucadora leves rastros de lágrimas ardientes y sinceras, estamos en condiciones de captar la verdadera naturaleza de iki. Puede que el akirame de iki sea un estado de ánimo generado por la madurez y la decadencia que acarrea. Acerca de las experiencias y el saber crítico recogidos a base de iki, es probable que se trate más de una herencia cultural que de una adquisición individual. Como fuere, ambas vías son conducentes. iki expresa la resignación ante el destino, y la impasibilidad surgida de esa resignación. Así, en la concepción budista de la vida, el ciclo de las transmigraciones y la mutabilidad de las cosas (mujo) se consideran manifestaciones de la idea misma de desigualdad. Pero la resignación (akirame) reposa sobre la noción de vacío y de nirvana, y por lo tanto es capaz de inducir templanza ante el destino y resignación en la adversidad. Dentro de este contexto, subraya y aclara el punto de inflexión encarnado por el ie keiki (momento dinámico) del iki.

“La luna es mejor”

Resumiendo, la estructura del iki tiene tres momentos cruciales que determinan los caracteres étnicos e históricos: “la atracción” (bitai), que constituye su fundamento, “el coraje” (ikiji) y la “resignación” (akirame). El segundo y el tercer elemento parecerían incompatibles con el primero, ¿pero es así?
Como ya se ha mencionado, la existencia de bitai descansa sobre la potencialidad misma de la dualidad. Por su parte, la segunda característica, “el coraje” (ikiji), tiene su origen en el idealismo y acentúa la tensión y la resistencia de bitai, procurando mantener abierta la posibilidad en tanto posibilidad. En otras palabras, ikiji acentúa bitai, aumentando su luminosidad y resaltando sus aristas. Definir la potencialidad dual de la atracción (bitai) por medio del coraje (ikiji) es defender la libertad.
El tercer elemento, la “resignación”, tampoco es incompatible con la atracción. Cuando la atracción no alcanza la meta, permanece fiel a sí misma. Por esta razón no sólo no resulta ilógico que la atracción asuma la forma de resignación ante su objetivo, sino que además esta última se revela como el principio original de la atracción. La unión de resignación y atracción significa que el destino exige una completa devoción a la libertad, y, a la inversa, que la presuposición de lo posible esté determinada por la necesidad. Se trata de una afirmación por la negación.
En efecto, la atracción (bitai), en tanto forma de ser de iki, está determinada hasta su concreción por el coraje (ikiju), basado en el idealismo del bushido, y la resignación (akirame), que tiene como contexto el irrealismo del budismo. De ahí que iki sea la quintaesencia de la atracción. iki desprecia toda concepción barata de la realidad, y con audacia pone lo práctico entre paréntesis. Al respirar ese aire de trascendencia, se embarca en un juego con sus propias reglas, de modo neutro y desinteresado. En una palabra, se trata de la atracción por la atracción. La pasión, con toda su gravedad y ceguera, ya sea en su concreción o en su imposibilidad, se opone a todas luces a la esencia del iki.
El iki debe elevarse por sobre las coacciones del amor para cumplir con su carácter indiferente y libre. “Mejor la oscuridad que la luz de la luna”, refleja las tinieblas de un amor delirante. “La luna es mejor”, por el contrario, refleja un estado de ánimo iki, que no puede sino sacar de quicio al enamorado. “Por culpa de mi corazón vivo como un ser tosco (yabo) en ese mundo flotante e iki; la pasión se ha adueñado de mí.” Se produce aquí un claro enfrentamiento entre la necesidad de amor y el potencial trascendente del iki.
Cuando “una pareja que se jacta de ser iki” pierde el espíritu de autonomía en el que sólo es admisible “enamorarse por capricho”, termina quejándose: “Cuanto más te quiero, más pesa sobre nosotros la reputación de ser poco refinados (yabo)”.
“Una relación que dura el efímero instante de la flor del loto” es del orden del iki, pero “cuando el affaire es poco refinado (yabo) y los amantes se vuelven inseparables”, estamos muy lejos del iki.
No es de extrañar entonces que se burlen: “Usted ya no forma parte del mundo iki, es tan poco refinado como un samurai”.
Si “el fuego arde en el pecho como horno de techador”, ya no se puede aspirar a la “reputación iki de la geisha Koumé”. La embriaguez que Stendhal llamó amour-passion es ajena al iki. El seguidor del iki debe lograr el desapego de una vida dedicada a recoger helechos mientras se respira el aire suave del amour-goût (“amor-gusto”). Sin embargo, el iki no podría corresponderse con el rococó de “un cuadro donde todo, hasta la sombra, es color de rosa”. La tonalidad propia del iki sería el beige claro, “de un elegante hakama del remoto pasado”.
En definitiva, el iki debe alcanzar su concreción existencial a través de su causa material, la atracción (bitai), y su causa formal, el idealismo y el irrealismo religioso propios de nuestra cultura. El iki parece adoptar una autoridad suprema y ejercer el irresistible encanto que estas palabras ejemplifican claramente: “Engañada por un corazón iki, me aferro a él como a la verdad, aun cuando sepa que es mentira”.
Cuando en Une promenade au Japon, Kellerman dice de una mujer japonesa que “las europeas nunca podrán alcanzar el encanto (bitai) al que sucumbí”, podemos pensar que el autor experimentó la fascinación del iki.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Comunicado mujeres de Junín en el proyecto nacional

 

Las relaciones de poder y las condiciones históricas que atraviesan el rol de la mujer en la sociedad argentina nos han convocado a reflexionar respecto al rol de la mujer en cargos institucionales y políticos. Porque entendemos que es preciso revisar los paradigmas políticos que atraviesan estos tiempos, referidos a la mujer, la cultura, la participación política.
En nuestro país, la legislación de los últimos años reseña la evolución del protagonismo de las mujeres y su pelea por el ejercicio de sus derechos, que luchan por convertir con justicia esta cuestión en una cuestión de Estado, pero todavía resta camino por transitar.
Los sectores concentrados y conservadores, pretenden aislar en compartimentos estancos lo sucedido días atrás respecto a los agravios a la Jefa de Estado por parte de la Revista Noticias, hecho que atenta contra el derecho de las mujeres a vivir una vida libre de violencia y discriminación. Creemos que no es posible la lucha por la igualdad de género, desvinculada del resto de las luchas por las relaciones de dominación y exclusión en nuestra América Latina, de lo contrario no estaríamos dando cuenta de un contexto histórico e integrado de las batallas del campo popular. De lo contrario no estaríamos reflejando que es a esta Presidenta -y no a otra-, a quien agreden, por ponerse al frente de un proyecto político que reivindica los derechos sociales, que gobierna por la equidad en todas sus acepciones.
Las mujeres que suscribimos el presente comunicado de prensa, repudiamos las publicaciones realizadas por la Editorial Perfil, no sólo en la que agreden a la Presidenta de la Nación sino además en todas aquellas que viene manifestando su aval a la violencia de género, sosteniendo como una conducta propia la cobardía y complicidad en actos delictivos que agravian a toda la humanidad.
Pero esta innoble manifestación del pasquín, tan rudimentaria, no hace sino alentar la lucha que tantas mujeres venimos realizando hace siglos y por la cual no pocas perdieron sus vidas y su bienestar.
Durante mucho tiempo nos negaron la palabra, como nos negaron la sabiduría, y el goce. ¿Qué puede ser más aterrorizante para el statu quo machista y tradicional que una mujer que habla, una mujer que sabe o una mujer que goza? Nada.
Porque una mujer que habla es escuchada. Porque una mujer que sabe educa. Porque una mujer que goza manifiesta su libertad.

Adhieren a este comunicado de prensa:
Sonia Visser. Secretaria General UPCN.
Laura Tortoriello. Socialismo para la Victoria.
Virginia González. Concejal Frente Para la Victoria Junín.
Carolina Lablunda. Ministerio Desarrollo Social. Kolina.
Silvia Arce. Centro Cultural Tierra de Fuego.
Galdys Prieto. Directora EES N°1.
Susana Nazer. Memoria Militancia y Justicia.
Liliana Malizia. Referente social.
Mariana Leiva. Colectivo Juana Azurduy.
Claudia Durante. Psicóloga.
Olga Prieto. Referente territorial.
Carmen Farias. Manitos en el bolsillo.
Romina Paesani. Equipos por el Proyecto Nacional.
Silvina Torviso. Grupo Ecolectivo de arte.
María Bambara. Suteba. Secretaria de Organización.
Florencia Riera. Scalabrini Ortiz.
Francina Sierra. Suteba. Secretaria de Cultura y DDHH.
Rosana Pedraza. Referente territorial.
Anahí Caggiano. Docente.
Mariela Diaz. Magdalenas Estación Junín.

Sonia Coppola. Dirigente social.

jueves, 6 de septiembre de 2012

votar, elegir, participar


Desde el año 2009 la Secretaría de Relaciones Parlamentarias de la Jefatura de Gabinete de Ministros a cargo de Oscar González,  gestiona un programa nacional de promoción y apoyo al programa de CDE.  A través de este proyecto, los jóvenes de secundaria participan de dos procesos: primero de una elección;   arman las listas, hacen campaña, y se someten al voto de sus compañeros. Y luego son concejales durante unos meses: elaboran  proyectos, los debaten, los votan.
A veces resulta trabajoso convencer a los concejales, convencer a los responsables administrativos del HCD, convencer a los directivos de las escuelas (que dicen que a los chicos no les interesa, que tienen que trasladarlos fuera de la escuela y algunas otras objeciones) pero no es  difícil interesar a los chicos y trabajar con ellos.
Los representantes elegidos constituyen el CDE y legislan efectivamente sobre su ciudad. Trabajan, durante todo un año, con responsabilidad, pero sobre todo con entusiasmo. Son capaces de identificar los problemas que deben ser resueltos con una mirada totalizadora; no ven sólo los problemas de los jóvenes. Identifican los problemas de los viejos, de los discapacitados, de los niños. Entienden que están representando al conjunto, no a sus amigos. Proponen temas que tienen que ver con el ambiente, como el tratamiento de la basura o el arbolado público. Plantean problemas de transporte público urbano e interurbano, de cuidado de las personas, de ampliación de derechos.
Debaten abiertamente todos los temas. No siempre tienen toda la información (igual que cualquier legislador, a veces necesitan asesoramiento), pero discuten punto por punto, cada proyecto presentado por uno de ellos, teniendo en cuenta cómo gestionarlo y con qué presupuesto. Y si el presupuesto es alto, cuál es su prioridad para la ciudad.
Los proyectos que ellos aprueban deben ser tratadas por los Concejos Deliberantes de la Ciudad. Muchas veces se convierten en ordenanzas.
Participan los que están interesados en su comunidad, los curiosos, los inquietos,  muchas veces los mismos que participan de la feria de ciencias, de las olimpíadas matemáticas o de otros programas extraescolares. Pero son un  porcentaje importante. Rápidamente incorporan las reglas del juego, y juegan limpio. Investigan los temas, buscan la información que les falta, son generosos con las ideas ajenas. Es más de lo que muchos adultos pueden mostrar.

Si son capaces de hacer todo esto, ¿cómo no van a poder votar? Esos, los que participan, los curiosos, los inquietos, son muy díficiles de manipular. Porque eligen pensar y discutir. Porque son jóvenes y resisten la disciplina.